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Jan
19

God’s Message to You #2

The Problem of Pardon

If you have read in the Sacred Scriptures, about the pardon God freely promises to sinners who repent and believe, you might be wondering how the God who reveals himself in those Scriptures can make such a promise. If you have read those Scriptures carefully, you know that God has revealed himself as a holy and righteous judge who will never declare the guilty to be righteous. For example, In Exodus 34:7 He describes himself as the one who will by no means clear the guilty”. And yet, the apostle Paul calls him the God “who justifies the ungodly” (Romans 4:5), and David described the blessedness of the man to whom God imputes righteousness apart from works (see Romans 4:6-7) when he wrote, “Blessed is the man to whom the LORD does not impute iniquity” (Psalms 32:2).

The Bible does not teach that God infuses grace to sinners to enable them to become sufficiently righteous in themselves for God to declare them righteous. What these Scriptures are teaching is that God declares them righteous when they can claim no righteousness of their own.  He justifies [declares righteous] the ungodly. Paul wrote that sinners are “justified freely [this word means without cause, i.e., there is no cause in the sinner] by his grace” (Romans 3:24). This presents a great problem. How can God be righteous and at the same time declare guilty sinners who believe his promise to be righteous in his sight?

God’s Solution to the Problem

This is the problem that the redemptive work of Christ has solved. Notice that Romans 3:24 states that this free justification is “through the redemption that is in Christ Jesus.” What the apostle was teaching in Romans 3 is that God has satisfied his own demands in the sacrifice of his Son. He wrote, “. . .whom God has exhibited publicly as a propitiation in his blood [sacrificial death] through faith, to declare his righteousness. . .that he might be just and at the same time, the justifier of those who believe [put their trust] in Jesus” (Romans 3:25-26).

The gospel tells us of a great exchange. In 2 Corinthians 5:21 Paul wrote, “For he [God] has made him who knew no sin to be sin for us, that we might be made the righteousness of God in him.”  He did not mean that Jesus actually became a sinner or that we actually become righteous as the basis of our justification. What he meant is that God has treated Jesus as if he were a sinner so that he might treat us as if we were righteous. He not only took the believer’s punishment for sin; he took the believer’s guilt. God judicially abandoned Jesus on the cross, so that believers might be judicially accepted in his presence. Concerning this great exchange, Isaiah wrote concerning his redemptive work for all who will trust God’s promise of pardon,

He was wounded for our transgressions; he was bruised for our iniquities; the chastisement for our peace was upon him, and by his stripes we are healed. All we like sheep have gone astray; we have turned, every one, to his own way; and the LORD has laid on him the iniquity of us all (Isaiah 53:5-6).

God is calling you now to trust his promise of pardon. This same Jesus who was crucified, has risen from the grave as evidence that the Father has been satisfied with his redemptive sacrifice. He now sits enthroned as the full embodiment of all his redemptive accomplishments. He has full power and authority to rescue and restore all who come to the Father through him. You need no other merit or righteousness but his merit and righteousness. The Scripture says, “Nor is there salvation in any other, for there is no other name under heaven given among men whereby we must be saved” (Acts. 4:12)   He is ready and willing to save you not only from the guilt and penalty of your sins but from the oppressive power of your sins. All he requires of you is that you trust him to save you. This is his promise to sinners—“Come to me, all who labor and are heavy laden and I will give you rest. Take my yoke upon you and learn from me, for I am gentle and lowly in heart, and you shall find rest for your souls” (Matt. 11:28-29).

 

El Mensaje de Dios Para Usted # 2

El problema del perdón

Si has leído en las Sagradas Escrituras, sobre el perdón que Dios promete libremente a los pecadores que se arrepienten y creen, te estarás preguntando cómo el Dios que se revela a sí mismo en esas Escrituras puede hacer tal promesa. Si has leído esas Escrituras con cuidado, sabes que Dios se ha revelado a sí mismo como un juez santo y justo que nunca declarará al culpable como justo. Por ejemplo, En Éxodo 34: 7 se describe un así mismo como el que “de ningún modo tendrá por inocente al malvado”. Y, sin embargo, el apóstol Pablo lo llama el Dios “que justifica al impío” (Romanos 4: 5), y David describió la bendición del hombre a quien Dios imputa la justicia aparte de las obras (ver Romanos 4: 6-7) cuando él escribió: “Bienaventurado el hombre a quien el SEÑOR no imputa la iniquidad” (Salmos 32: 2).

La Biblia no enseña que Dios infunde gracia a los pecadores para permitirles llegar a ser lo suficientemente justos en sí mismos para que Dios los declare justos. Lo que estas Escrituras enseñan es que Dios los declara justos cuando no pueden reclamar ninguna justicia propia. Él justifica [declara justo] al impío. Pablo escribió que los pecadores son “justificados gratuitamente [esta palabra significa “sin causa,” es decir, no hay causa en el pecador] por su gracia” (Romanos 3:24). Esto presenta un gran problema. ¿Cómo puede Dios ser justo y al mismo tiempo declarar que el pecador que cree en su promesa es justo ante sus ojos?

La solución de Dios al problema

Este es el problema que la obra redentora de Cristo ha resuelto. Note que Romanos 3:24 declara que esta libre justificación es “por la redención que es en Cristo Jesús”. Lo que el apóstol estaba enseñando en Romanos 3 es que Dios ha satisfecho sus propias demandas en el sacrificio de su Hijo. El escribió, “. . . a quien Dios ha exhibido públicamente como una propiciación en su sangre [muerte sacrificial] a través de la fe, para declarar su justicia. . .que Él pueda ser justo y al mismo tiempo, Él que justifica a los que creen [confían] en Jesús “(Romanos 3: 25-26).

El evangelio nos habla de un gran intercambio. En 2 Corintios 5:21, Pablo escribió: “Al que no conoció pecado, [Dios] lo hizo pecado por nosotros, para que fuéramos hecho justicia de Dios en Él” No quiso decir que Jesús realmente se convirtió en un pecador o que en verdad nos volvemos justos como la base de nuestra justificación. Lo que quiso decir es que Dios ha tratado a Jesús como si fuera un pecador para que nos trate como si fuéramos justos. Él no solo tomó el castigo del creyente por el pecado; tomó la culpa del creyente. Dios judicialmente abandonó a Jesús en la cruz, para que los creyentes puedan ser aceptados judicialmente en su presencia. Con respecto a este gran intercambio, Isaías escribió acerca de su obra redentora para todos los que confiarán en la promesa de perdón de Dios,

Él fue herido por nuestras transgresiones; él fue molido por nuestras iniquidades; el castigo por nuestra paz cayó sobre él, y por sus llagas hemos sido sanados. Todos nosotros nos descarriamos como ovejas; nos apartamos, cada uno, en su propio camino; pero el SEÑOR hizo que cayera sobre Él la iniquidad de todos nosotros (Isaías 53: 5-6).

Dios te está llamando ahora a confiar en su promesa de perdón. Este mismo Jesús que fue crucificado, se ha levantado de la tumba como evidencia de que el Padre ha estado satisfecho con su sacrificio redentor. Ahora se sienta entronizado como la encarnación completa de todos sus logros redentores. Él tiene todo el poder y la autoridad para rescatar y restaurar a todos los que vienen al Padre a través de él. No necesitas ningún otro mérito o justicia sino su mérito y justicia. La Escritura dice: “En ningún otro hay salvación, porque no hay otro nombre bajo el cielo dado a los hombres en el cual podamos ser salvos” (Hechos 4:12) Él está listo y dispuesto a salvarte no solo de la culpa y de la pena de tus pecados, pero del poder opresivo de tus pecados. Todo lo que él requiere de ti es que confíes en él para salvarte. Esta es su promesa a los pecadores: “Vengan a mí, todos los que están cansados cargados, y Yo los haré descansar. Tomen mi yugo sobre ustedes y aprendan de mí, que soy manso y humilde de corazón, y hallarán descanso para sus almas “(Mateo 11: 28-29).


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